miércoles, 5 de junio de 2019

UNA CUESTIÓN DE DESCONFIANZA


La cuestión de confianza ha sido tan sólo un pugilístico amage del gobierno, que ha demostrado los verdaderos temores y la vocación mañosa de este congreso.

Arremetido un momento contra las cuerdas, el legislativo bravucón y quimboso, declinó el mentón, se ha liado en las sogas, amarró con truculencia tentando un respiro. Ya parece alistarse para remontar en el siguiente round.

A estas alturas es improbable el knock out (vacancia ni disolución) en un enfrentamiento de bajo nivel en el que uno perderá por puntos. Entre tanto, los peruanos no ganamos y nos estancamos.

La verdad es que los congresistas han otorgado, con sangre en el ojo, su voto de confianza al ejecutivo, pero nadie se le ha otorgado a ellos. La verdadera cuestión de confianza sería la que permita a los peruanos decidir en crisis como esta; por ejemplo a través del mecanismo de la RENOVACIÓN POR TERCIOS del parlamento, de modo que las mayorías y minorías obtenidas en una elección pueden variar, premiando o castigando la actuación de los partidos. Pero me temo que aún no estamos preparados para aquello, que falta antes debatir reformas más graduales como las que ahora estarán en la discusión paupérrima de este descalabrado congreso. Pero incluso para eso, ha quedado demostrado que antes requerimos de uno nuevo. MÍNIMAMENTE, UNO MÁS DECENTE.

ATMÓSFERA MARINA

El cielo es un remanso, escaso y blanco,
a trechos dividido y a lo lejos
por el azul vidrioso del espacio.
Aún ninguna estrella ha lagrimeado.
La densidad de nubes, en reflejo 
de un mar tranquilo que atardece y llama,
desfila y baja hasta la altura media
donde antes se unían tantos pájaros.
Un puntito violeta se oscurece
en el centro del sol que se desplaza
como un yo-yo ya roto en la penumbra
hacia el grisáceo espejo del océano.
También parece el astro un puño esférico
cayendo lentamente con luz blanca
con el afán de hundirse entre las aguas.
Un muelle alzado en diagonal extensa
por tantos pies inmóviles de hierro
extiende un lomo de madera, avanza
hacia el relieve de las olas diarias.
Entrando hacia la noche se dispersa
la brisa feble, el vientecillo lacio.
Una sola gaviota oscurecida
en el borde de espumas se camufla.
Entre áurea y oscura, húmeda y seca,
la orilla indefinida borra espacios
y las huellas de todos, aun las mías 
que besaban los flancos de las tuyas.