jueves, 20 de abril de 2017

ENTREVISTA O CONTIENDA: LA DESNUDEZ DE PATRICIA.




Escuchaba con mucha atención la entrevista en RPP  a los escritores argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez porque el tema atraía (y atrae) plenamente mi interés y por las desperdigadas referencias que tenía de estos dos personajes, pero al poco tiempo de iniciada, la conversación se volvió abrupta, interrumpida por Patricia Del Río, quien hizo la segunda pregunta y no dejó redondear sus respuestas a los invitados; buscó ser polémica pero le faltó ser oportuna, por lo demás sus preguntas fueron interesantes, 'a la yugular'.  

Dentro de la función periodística, la entrevista no debe ser un debate del periodista con el entrevistado, sino que la polémica -pienso- debe ser un recurso para dejar fluir de manera interesante las ideas. Debiera existir siempre un ejercicio de contención del profesional. Tras bambalinas la historia puede cambiar.

Desesperarse, interrumpir insistentemente, manejar mal la ironía y, por último, abandonar la conversación, son errores estridentes que demuestran  o incapacidad o intolerancia. Pienso incluso que es menos escandaloso que el invitado deserte, a que lo haga el periodista, porque además, falla a su función profesional. El único motivo para abandonar un estudio en vivo debiera ser una situación amenazante para cualquiera de los contertulios.

La lógica de la imposición dicta que hay que desbaratar a un enemigo virtual, que el micrófono es un gatillo y la voz un disparo, que no hay que conceder tiempo de reacción al 'enemigo'. Y abandonar "el campo de batalla" si el riesgo se vuelve contra uno o si se busca 'desmerecer' las acciones del contrario. Nada más alejado del deber periodístico. Una entrevista picante, interesante, fluida, no va por esa ruta.

La otra facción es la de los espectadores, que se alinean de acuerdo a la coincidencia de posturas, independientemente del desarrollo de la entrevista. Vale pisotear, "en nombre de la verdad y justicia", al que no piensa igual. Es más, se trata de una 'cuestión de dignidad'.  Por el contrario, se protesta cuando el agredido es de "los nuestros". La dimensión amigo-enemigo no es compatible con el periodismo, de lo contrario se estaría haciendo veladamente comunicación política, apología-ataque en honor a nuestro interés o postura ideológica.

No  puede ser que a una misma periodista se le critique por levantar la voz y cuestionar - cual policía- la opinión de un universitario alzado en protesta (simplemente porque ahí el 'amigo' es otro) y se le aplauda la majadería y falta de argumentos porque, en esta ocasión, el 'enemigo' mutó de rostro. En nombre de la tolerancia no se puede ser intolerante.

El periodista debe ser también polemista, pero nunca parcial. Existen recursos como la ironía, el juego de espejos y ,sobre todo, los argumentos bien expuestos, para hacer de su trabajo frente a pantallas, ante un micro o una grabadora, un palpitante intercambio donde la verdad se va desnudando aunque sea de a pocos. No vale desnudar nuestra propia falta de argumentos o el cuerpo. Tampoco vale acaparar la palabra, porque ante el sofoco se hará imperante salir a tomar un "respiro" y un "cafecito", sin importar que estás "chambeando" y te pueden despedir de tu "ámbito de trabajo".

 Señora Patricia Del Río, con todo respeto porque sigo su trabajo, esta vez se desnudó mal.




lunes, 17 de abril de 2017

NO TE MEREZCO AMOR.



Yo sé que gustas de escribir a ciegas
y  prendarte del ayer en tus esquelas
pero escucha: no es saludable, no,
que así me quieras;
no es improbable hoy
que te suceda
la escena que anhelabas como yo
para decir ya no.
Yo sé que gustas de pintar fonemas
y arrecifes escritos con dolor,
te place deslizarte por los temas
que la ceniza más determinó...
pero agotanse las piernas
de tanto perseguir al sol;
abruma y gasta, amor,
cuando la espera
echa raigones de desilusión.
¡Ya! no escribas, no me veas
como el causante de tu amor,
mírame aquí con mis problemas
con mi lunar vampiro y mi terror.
No te merezco -sí- no me retengas
y si puedes arroja tus esquelas
al fuego en me quemo hoy...
No te merezco, amor,
échame leña.

poema publicado también en:  http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-392274

sábado, 8 de abril de 2017

BIENVENIDO EL ALZHEIMER

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Las destempladas declaraciones del congresista Bienvenido Ramírez sobre la relación entre el Alzheimer y leer ha desencadenado todo tipo de humor en las redes sociales y la prensa, y en algunos también indignación. Personalmente me han dejado una paradoja y una constatación. (NO ES NADA SERIO)

LA PARADOJA:
¿Cómo se enteró el congresista de esa, hasta ahora, desconocida relación causal? Luego, él ha mencionado que tiene algo de 17 años ejerciendo su profesión y empapándose con la lectura de una bibliografía nutrida que respalda sus delirantes afirmaciones. Si fuera el caso, está contraviniendo lo que se deduce de sus palabras: leer te pone en riesgo de padecer este mal autodegenerativo; o sea, estaría condenándose.

La probabilidad opuesta es que él, como médico responsable, recomiende y practique en su vida misma la abstinencia de la peligrosa lectura. Es sabido que un médico en asuntos de salud debe ser más que modélico. Esto parece altamente probable, estimando sus típicas intervenciones, entretenidas y atropelladas. Con esta premisa, miente respecto a su amplia investigación sobre el asunto. O, en el mejor de los casos, habría dejado de leer ni bien se puso en conocimiento, lo que lo convierte en un irresponsable con su vocación, pues son los profesionales de la salud, quizá, los que están más obligados a estudiar y actualizarse. Sin dudarlo, el congresista debe tener un denso y martirizante conflicto existencial y profesional.

LA CONSTATACIÓN ES REVELADORA.

¡Tantas metidas de pata tenían su explicación! Queda en evidencia que la bancada de fuerza popular, y tal vez el partido en pleno, tiene como asesor médico a este señor, al parecer, desde hace buen tiempo (aunque en las últimas horas lo nieguen y le den la espalda.) Pobres, ¿Ya habrán dejado de creer a estas alturas que se encuentran inmunes al Alzheimer?

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NOTA

Aquí unos enlaces de artículos que se oponen en sus recomendaciones a lo expresado por Bienvenido Ramírez: 

Pero, en el inusual caso de que la eminencia del disparate tuviera pizca de razón, soló nos queda decir fuerte para no olvidarlo: ¡Bienvenido el Alzheimer! ¡Leamos y leamos! ¡Ya habrá tiempo, igual, de no recordar ni el significado de cada palabra!


lunes, 3 de abril de 2017

PECADOS MODERNOS DE UN OPTIMISTA Y UN PESIMISTA.

     Pienso que el mundo siempre ha necesitado de optimistas y pesimistas (auténticos y responsables), sólo que contemporáneamente se desmerece con más facilidad el aporte de los últimos. Además, ahora se es optimista o pesimista por presión y hasta por moda  -de la lengua hacia afuera-  y esto se evidencia con líquida nitidez en las denominadas redes sociales.

    Incluso diré que es imposible, naturalmente, que ambas actitudes  sean absolutas y excluyentes en una misma persona. Predominantemente - y no exclusivamente- tenemos de ambas. Pero, ¿qué significa ser un pesimista o un optimista auténtico y responsable? Pues, simplemente, no serlo por moda, presión, facilismo o ignorancia (o todas al mismo tiempo).

Si algo entorpece y empantana el debate sobre la realidad y los procesos de cambio  es la irresponsabilidad de no pensar por uno mismo -hasta las últimas consecuencias- y en construcción dialéctica; debatir debiera ser un diálogo social, acalorado pero fructífero, y nunca la ruidosa escaramuza de clichés memorizados y prejuicios con flema.

El optimista del montón es un tuerto eufórico; el pesimista al peso es un cotorro emponzoñado. El primero cree que las cosas funcionan por acto de magia, sin complejidades, en un solo color radiante. Su rol se estanca en aplaudir y emprender  sin más criterio que el entusiasmo. El otro piensa que todo está escrito, podrido e inalterable; su rol se reduce a condenar y culpar a todos…

La historia ha demostrado preclaramente que un gran optimista necesita -y respeta- a un  lúcido pesimista, y viceversa. Intercambian, disputan a veces, pero siempre se complementan.

El pesimista auténtico es capaz de ejecutar un rodeo analítico de 360° a un fenómeno o hecho; diagnostica, critica, alerta y previene. El optimista auténtico ve alternativas, acciona, entusiasma, convoca. Sus funciones son en gran parte complementarias y reciprocas.

Planteadas así las cosas, son optimistas –mayoritariamente- los emprendedores, inventores, algunas figuras políticas y más. Lo fueron en sus mejores rasgos Winston Churchill, Gandhi, Ralph Waldo Emerson y otros.

Son grandes pesimistas algunos geniales pensadores, escritores, artistas y demás. Lo fueron esencialmente Schopenhauer y Martin Heidegger.

Ejemplos identificables en el Perú del optimismo y el pesimismo son Mario Vargas Llosa y Marco Aurelio Denegri, respectivamente; y a caballo entre ambas actitudes  (balanceándose más para un lado que otro) el periodista César Hildebrandt. Una final y oportuna anotación: estas actitudes trascienden las posturas ideológicas y políticas.


Ejemplos menos lúcidos de pesimistas y optimistas por conveniencia o moda abundan (y me incluyo abiertamente) en cualquier nudo de las redes sociales. Basta con espiarnos mutuamente.

Un optimista y un pesimista, cuadro del pintor Vladimir Makovsky