“A
quién madruga Dios le ayuda”
Hemos oído este refrán en múltiples contextos y su mensaje resulta
incontrovertible a primera impresión. De partida, establezcamos una sutil
diferenciación entre madrugar y trasnochar. Un festejo nocturno, el trabajo, el insomnio,
entre otros, suelen ser motivos habituales para el segundo caso. Dicho sea de
paso, existen estudios interesantes acerca del
funcionamiento diferenciado de la atención cerebral entre trasnochadores y
madrugadores, resultando que:
la capacidad
del ser humano para mantenerse alerta y su habilidad para concentrarse se ven
afectadas tanto por la cantidad de tiempo que una persona está despierta como
por el momento del día, debido a que los ritmos del reloj circadiano operan según un ciclo de luz y oscuridad.
( ver enlace anterior)
El
madrugar es un hábito inmemorial de las sociedades rurales, donde las personas
deben hacerlo para atender sus actividades económicas o domésticas. Mi abuela
por línea paterna, nativa de la sierra peruana, siempre entre las tres o cuatro
de la mañana ya se encontraba despierta,
trajinando, creo que en ocasiones hasta por inercia, como llevada por su alma.
Cierto es también que para estas personas la hora del sueño se anticipa a la de
los citadinos. Pero ocurre lo mismo con algunos sectores urbanos como,
por ejemplo, los comerciantes, que al alborear ya están alistando sus
mercancías y sus puestos de venta. Parece también un signo generacional, al
observar que las personas más jóvenes, más ahora, han desplazado progresivamente
la hora de despertarse. Por su parte,las plataformas y redes sociales han contribuido en la merma de las horas de sueño y en los síntomas relacionados a una baja calidad del mismo.
El refrán que motiva estas reflexiones apunta a la
laboriosa disciplina y al esfuerzo anticipado. En esta dirección, tiene
vínculos con esta otra frase: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Primero el esfuerzo personal y luego, como
consecuencia, la esperanza de prosperidad (la
mano auxiliadora del creador). En este punto formal me parece irrebatible
el razonamiento.
Por otro lado, la madrugada es quizá,
dicho sea de paso, el horario ideal parara ciertos trabajos y para la
inspiración creadora, por la tranquilidad que se dispone: la mayoría de las
personas siguen descansando o empiezan a hacerlo, los obstáculos del ruido no
despuntan con su intensidad perturbadora, es propicio para la planificación y
la previsión, etc. Se trata de anticipar, de ganarle con tranquilidad al
tiempo, de no dejar las situaciones por resolver, rezagadas y olvidadas.
Pero al tratar de identificar las
probables ventajas de madrugar se puede topar con argumentos siempre relativos,
parciales, en función a otros factores. Algunos de ellos son sorprendentes,
pero se debe considerar que de lo que se trata es dormir las horas adecuadas;
es decir, si se pretende levantarse temprano también debemos acostarnos antes,
de tal modo no se sacrifique la reparación de energías. Además, se debe
descartar y eliminar cualquier padecimiento, afección o hábito interferente,
porque de lo contrario se engrosarían únicamente las desventajas. A
continuación se citarán algunos beneficios, extraídos del portal salud.ideal.es:
- · Personas madrugadoras son más felices: De acuerdo a una publicación de la revista "Emotion" de la Asociación Americana de Psicología, al aprovechar mejor el tiempo y planificar anticipadamente, las personas madrugadoras, se sienten más satisfechas con su desempeño cotidiano y son más eficaces.
- · Sintonía de los ritmos circadianos: acostarse y levantarse temprano vuelve al sueño más reparador. Además los ritmos circadianos preparan biológicamente al organismo para determinadas funciones, que coinciden con la luz solar.
- · Hábitos saludables: diversos estudios apuntan que levantarse temprano propicia un desayuno reparador y saludable y es de esperar que un buen hábito alimentario repercuta positivamente en nuestro desempeño. Además es altamente probable que una de las primeras actividades de los madrugadores sea el ejercicio físico, con los réditos que reporta al organismo su práctica moderada: activa la producción de endorfinas, que hace que iniciemos el día con mejor buen humor.
Pero retomando el aforismo, la realidad desdice
generalmente (según mi particular percepción) lo que ahí se augura. Son las
personas que tienen que mañanear y esforzarse días tras día las menos
favorecidas por la denominada justicia social, las que tienen que remar
contracorriente para llevarse un bocado y asegurarse mal que bien el presente.
También son las que disponen de menos tiempo de ocio para reflexionar siquiera
este refrán (y otras cosas más importantes relativas a su condición) más allá
de lo aceptado. Levantarse pasada las 8. 00 horas les representa un atentado,
En otro vértice: la expresión madrugar en el Perú, en España y en
otros países hispanoparlantes, alcanza
una variante no literal y es el de anticiparse al otro en todo sus matices,
despojarle de la oportunidad, ganarle, arrebatarle, (incluso) embaucarle y cosas parecidas.
Obviamente, esta digresión no es oportuna por sí misma sino porque conlleva a
otra observación esclarecedora a mi propósito. Madrugar no siempre es indicador
de bienestar o bondad. Habría también que identificar algunos motivos que escapan
a la buena intención. Algunas siniestras motivaciones empujan a buscar el
auroral velo.
De todos modos, me queda claro que no
basta con madrugar: hay que saber hacerlo con las mejores condiciones. Recordad también en este caso que sin inteligencia no hay eficacia,
sin eficacia cualquier esfuerzo termina eclipsado en el brumoso gesto.


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