Hemos llegado a vernos
después de tantas lunas fracasadas
y nuestros rostros prontamente asoleados
ahora se reflejan en el estero de los ojos mutuos.
No somos los mismos agitándose
en los vientres compartidos, en las sábanas plegadas;
somos distintos, tocados y serenos,
aunque aún amándose
cercanamente solos, distantemente juntos.
La oscuridad fue un hilo que nos unía a lo lejos:
se ha roto en un fragmento en este gris reencuentro.
Publicado también con el seudónimo Jhon deilo en http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-429991

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