En el Perú de estos tiempos es sinónimo de circo (en todas sus variantes históricas). Agregaríamos que se trata de uno pésimo, para salvar el honor de los que ofrecen un espectáculo con intención de divertir y entretener. Para no ser mezquinos, reconozcamos que este circo a veces divierte, pero en el fondo termina por hastiarnos y provocarnos un resquemor rancio en la boca. Es un circo con carpa fija y que renueva, aunque muy parcialmente, su elenco cada cinco años.
Es un circo muy similar al de la Roma clásica, donde gladiadores, jinetes y caballos se lucían en fieras competencias. Aquí, asistimos constantemente a peleas de personajes como fieras y bestias que sin reservas ostentan lo monumental de su ignorancia y de su angurria.
También es un circo moderno de equilibristas fracasados que se estampan golpes y roches, contorsionistas de la moral, aspirantes de escapistas, lanzallamas endemoniados, payasos sin talento que, de cuando en vez, nos roban carcajadas (entretanto roban otras cosas), y un etcétera de especímenes oriundos de esta parte.
En julio es temporada circense en nuestro país. Así es fácil entender porque en ese mes se busca refrescar el elenco de este ´circo apócrifo´. Es en julio cuando juramentan.
Padres de la Patria a veces se les dice, pero si pudiera decidir, la patria se proclamaría huérfana. Son ciento treinta para colmo de horrores. Han de ser, en todo caso, sus padres putativos, irresponsables y promiscuos.
Hay que verlos en sus “hemicircos”, en sus comisiones, en las graderías espetando a los micros, o, presurosos y divagantes en el Salón de los Pasos Perdidos - que para homenajearles sólo debiera apodarse `de los perdidos´ -. Hay que verlos impostando sobres sus curules cuando sesionan frente a cámaras y flashes.
Hay que verlos como se han comprado televisores (para revisar las noticias, ojo: no para ver el mundial de fútbol que cuando llegue ellos ni lo fisgarán porque estarán muy ocupados actualizándose), frigobares para actos de protocolo -no se equivoquen- y para mantener frescas las ideas, porque en el congreso siempre ha imperado la frescura. Comprarán también i-Pads, han dicho que será para el Congreso, no para los congresistas. Más claro ni el agua mineral.
¿Seguiremos pagando por ser espectadores pasivos de este perpetuo y decadente espectáculo?